Enfoque etnográfico
crítico con estudiantes migrantes en Chile. Horizontes para la investigación educativa
A critical ethnography approach with migrant students in Chile. Horizons
for educational research
Roberto Ramos
Cartaya
Magíster
en Comunicación
Universidad
Católica de Temuco, Chile
ORCID:
https://orcid.org/0009-0007-8447-915X
Correo
electrónico: cartayarr@gmail.com
Recibido: 11/11/2025
Aceptado: 17/12/2025
DOI:
https://doi.org/10.53436/649xVFKW
D’perspectivas
siglo XXI,
Volumen 13, Número 25, Año 2026. Enero-junio
ISSN(e):
2448-6566
Este
es un documento de acceso abierto bajo la licencia
Creative
Commons 4.0 Atribución-No Comercial
(CC
BY-NC 4.0 Internacional)
Resumen
En las últimas dos décadas Chile ha
vivido un proceso acelerado de transformación social a partir del incremento
sostenido de la población migrante. Según el Censo de Población y Vivienda (INE,
2024), hasta diciembre de ese año residían en el país 1918.394 personas
extranjeras –dato que refleja la creciente diversidad social y cultural que hoy
caracteriza a las aulas chilenas. Esta realidad invitó a repensar los marcos
normativos y las políticas públicas, las cuales debieron actualizarse para
responder a un contexto más plural, proceso que se concretó con la promulgación
de la Ley de Migración y Extranjería. Desde esta perspectiva, el presente
ensayo propone una reflexión sobre las comunidades escolares inmigrantes, a
través de la metodología etnográfica crítica, en diálogo con la teoría de
capital de Pierre Bourdieu. El texto se organiza en tres apartados: el primero
aborda el valor de la etnografía en el ámbito educativo, donde se reconoce los
aportes de Elsie Rockwell (2018), el segundo profundiza en su dimensión crítica
y por último se explora la relación entre la etnografía crítica y el enfoque
relacional de los capitales de Bourdieu como fuente para la comprensión de las
experiencias educativas de estudiantes inmigrantes.
Palabras clave:
migrantes, capital económico, capital cultural, etnografía crítica.
Abstract
In
the past two decades, Chile has undergone an accelerated process of social
transformation driven by the steady increase in its migrant population.
According to the Population and Housing Census (INE, 2024), by December of that
year, 1,918,394 foreign nationals were residing in the country –data that
reflects the growing social and cultural diversity that now characterizes
Chilean classrooms. This reality calls for a rethinking of regulatory
frameworks and public policies, which have had to be updated to respond to a
more plural context, a process that materialized with the enactment of the
Migration and Foreigners Law. From this perspective, the present essay offers a
reflection on immigrant school communities, through the use of critical
ethnographic methodology in dialogue with Pierre Bourdieu’s theory of capital. The
text is organized into three sections: the first addresses the value of
ethnography in the educational field, acknowledging the contributions of Elsie
Rockwell (2018); the second delves into its critical dimension; finally, the
relationship between critical ethnography and
Bourdieu’s relational conceptualization of capital is examined as a lens
through which to understand the educational experiences of immigrant students.
Keywords: migrants, economic capital, cultural capital,
critical ethnography
Introducción
En los últimos 20 años Chile ha
experimentado un ascenso vertiginoso de población migrante, resultados recientes
del Censo de Población y Vivienda (INE, 2024) reflejaron que los extranjeros en
el país, hasta diciembre del año 2024, ascendían a 1.918.394. La cifra anterior
representa un desafío a la política pública referente al sistema educativo
chileno que se rige por varias leyes entre las que se destacan la Ley de
Migración y Extranjería de 2019 y la Política Nacional de Estudiantes
Extranjeros de 2024 por las que los migrantes tienen derecho a la educación,
independiente de su estatus migratorio en el país.
El análisis de este ensayo se centra
en la comprensión de las comunidades de escolares inmigrantes, a través del uso
de la metodología etnográfica crítica desde la teoría de capital de Pierre
Bourdieu. El escrito está dividido en tres apartados, el primero se centra en
el uso de la metodología etnográfica en educación, el segundo en la etnografía
crítica en la que se concibe un campo más problematizado, y se concluye con la
interseccionalidad entre la etnografía crítica y la distribución de capitales
en el campo educativo.
La historiografía chilena da cuenta de
que la presencia de migrantes ha respondido a una lógica norte-sur (de origen
europeo) y en la actualidad los flujos migratorios son sur-sur (Cano &
Soffia, 2009, Bravo& Norambuena, 2018). La elección de Chile para muchos migrantes,
sobre todo de origen caribeño, responde a varios factores entre los que se
destacan la estabilidad económica que caracterizó a esta nación desde el
retorno a la democracia en los años 90, también la fragilidad de la
institucionalidad y el deterioro de estándares democráticos en los países de
origen de los migrantes, unido a crisis económicas profundas. No es casual que
los migrantes actuales de Chile, en términos cuantitativos provengan de países
como Venezuela (728.586), Colombia (209.946) y Haití (188.131), lo cual se
muestra en las estadísticas del último Censo de Población y Vivienda (INE,
2024).
Para la educación es un desafío
epistemológico debido a la diversidad de naciones presentes en el país y la manera
en que es comprendida la identidad caribeña, el inmigrante del Caribe trae
epistemes propias y va incorporando nuevas, a la vez que se enfrenta a un currículum
monocultural. En tal sentido, el inmigrante caribeño tiene sus formas
particulares de comprender y sostener determinadas posturas con temas sobre afrodescendencias,
debido a la alta presencia en el Caribe, esto no implica que no exista racismo
en las Antillas ya que el concepto político de negritud surge precisamente allí
como respuesta para enfrentar la discriminación racial (Césaire, 2000).
En Chile se ha problematizado sobre
los efectos multidimensionales del racismo (Tijoux & Córdova, 2015) y su
impacto hacia los migrantes en el sistema escolar (Riedemann & Stefoni,
2015), de manera específica los afrocaribeños.
Lo anterior da cuenta que lo caribeño
ha sido entendido desde una lógica distante en términos geográficos, pero
también desde los culturales, marcados por el exotismo isleño, ligados a las
industrias culturales, los cuales han construido estereotipos que sirven para diferenciarse
de la chilenidad.
Una de las epistemes más
significativas desarrolladas en el campo de la educación en América Latina, en
atención a la diversidad cultural, se encuentra en la interculturalidad
crítica. La misma intenta romper con la tradición hegemónica de una cultura
dominante de matriz eurocéntrica que ha subordinado a otras culturas como los
pueblos originarios y afrodescendientes (Quijano, 2000; Walsh, 2009). El
objetivo ha sido reforzar las identidades que fueron excluidas por el poder
colonial y los Estados-nación actuales (Walsh, 2009).
En América Latina y el Caribe el uso
de términos aplicados a la diversidad cultural para la investigación, entre
ellos multiculturalidad, ha generado un entrampado teórico-metodológico en la
comprensión de la identidad latinoamericana, de manera específica el racismo,
el cual se invisibiliza bajo el mestizaje. Por otra parte, la investigación
anglosajona tiende al relativismo cultural sobre la identidad latinoamericana, que
de cierta manera segrega a los distintos pueblos (afro, originarios, migrantes,
chicanos, etcétera). La definición anterior es producto de que el multiculturalismo
anglosajón es afirmativo y no transformativo (Mansilla et al., 2022). Una
de las principales diferencias entre ambos conceptos está en que la
interculturalidad apunta a incluir las diferencias dentro del espacio público, teniendo
en cuenta los contextos políticos en los que se desarrolla (Mansilla et al.,
2022). Sin embargo, un desafío para la educación en América Latina y el Caribe
ha sido pensar lo intercultural desde un enfoque más amplio, donde se incluya no
solo a los pueblos originarios sino también a la diversidad de pueblos que habitan
este continente. En tal sentido, la educación intercultural en Chile se ha
traducido principalmente a un enfoque centrado en lo lingüístico (Mansilla et
al., 2022). De igual manera, Katherine Walsh amplía el marco teórico
metodológico señalando la importancia de los lugares de enunciación (no es
necesario ser indígena para problematizar sobre estos temas), así como
reducirlo a los pueblos originarios (Walsh, 2009).
En
el caso chileno las investigaciones dentro del campo educativo han sido
heterogéneas, destacan las que han problematizado la educación intercultural con
enfoque en el contexto mapuche (Arias, 2021; Quilaqueo et al.,
2014) y también las que investigan sobre los migrantes (Baeza-Correa et al.,2022).
1. Metodología
etnográfica en educación
Para
Chile, la presencia de inmigrantes cuyo origen es caribeño supone un desafío en
el campo educativo, ya que requiere desarrollar políticas específicas adaptadas
al contexto migratorio actual (Baeza-Correa et al., 2022). La
metodología etnográfica es una herramienta muy utilizada por los investigadores
en educación para comprender cómo se manifiestan las diversas comunidades.
A propósito, Rockwell (2018)
puntualiza, en primer lugar, el papel de la escuela como un ente catalizador,
un espacio social complejo donde se negocian significados, se reproducen y se
cuestionan y/o perpetúan desigualdades. Otros autores señalan a la escuela como
institución monocultural, colonial y racista (Mignolo 2010; Walsh, 2009).
La etnografía ha sido vinculada a los
estudios antropológicos, estudios como el de Aguirre (1995) señalan que la
etnografía es el estudio descriptivo de la cultura de una comunidad. Otros
autores como Malinowski, Frank Boas y Margaret Mead fueron los que sentaron las
bases para el estudio etnográfico como metodología para comprender las
distintas culturas, este método ya hoy trasciende la disciplina antropológica
consolidándose como un recurso de gran utilidad para comprender las diversas
comunidades educativas. Esto permite a los docentes actuar en entornos
educativos en los que son protagonistas, al igual que los estudiantes; se
ofrece una visión holística y matizada de la cultura educativa (Romero et al., 2024),
lo cual ayuda en la comprensión de la realidad migrante desde su
multidimensionalidad.
A nivel macro, el enfoque etnográfico
en educación parte de la etnografía institucional, entendida como la situada en
las instituciones de carácter hermético como hospitales, cárceles, centros de
asistencia mental (Celigueta y Solé, 2013 & Westermeyer, 2023).
Otras investigaciones tienen un enfoque sociocultural e interaccionista desde
una línea interpretativa-constructivista de la etnografía educativa, centrada
en interpretar a los actores de la comunidad educativa y en revisar cómo estos
construyen la realidad social a través de la interacción, lo cual posibilita
mirar al migrante en intercambios, comportamientos y pensamientos que varían según
las circunstancias (Romero et al.,
2024).
Los estudios etnográficos han
revelado que los estudiantes
migrantes navegan por identidades culturales complejas, influenciadas por sus
orígenes y el entorno donde las construyen, a través de diversas prácticas de
comunicación en las escuelas y los barrios. En las primeras suelen surgir los
estereotipos que repercuten en la autopercepción y las interacciones de los
estudiantes (Rodríguez et al., 2021).
Lo anterior se explica porque el
migrante porta epistemes propias, mientras que la escuela opera desde dinámicas
institucionales específicas para comprender y enfrentar la realidad migratoria,
muchas veces sin advertir un enfoque holístico en la comprensión de la identidad
escolar, la cual está atravesada por múltiples factores, entre ellos:
nacionalidad, familia, expectativas de vida, color de piel, género y
orientación sexual.
En educación, la etnografía ha sido
entendida también como una metodología que permite comprender un fenómeno con
la posibilidad de participar a distintas escalas como en contextos educativos
formales y no formales, medios digitales y publicitarios (Westermeyer, 2023).
En el caso chileno este tipo de estudios presenta varios desafíos que se
derivan del contexto sociopolítico, las dinámicas institucionales y las
prácticas de investigación. Uno de estos está en la accesibilidad a las
instituciones escolares, ya sean públicas o privadas, en las cuales el
investigador debe negociar con las autoridades para realizar sus observaciones
(Contreras et al., 2016). Lo anterior es una barrera para la obtención
de datos confiables.
Otro
de los enfoques etnográficos más problematizados ligados al campo educativo ha
respondido a la comprensión de la diversidad de pueblos originarios en el
contexto escolar y las tensiones que se producen (Arias-Ortega, 2021; Figueroa, 2015;
Westermeyer, 2023). Una línea más responde a las migraciones
fronterizas de peruanos y bolivianos, denominada estudios atacameños (Tapia,
2018),y ahora, más reciente, la migración caribeña (Joiko et al., 2023).
2.
Etnografía crítica y el enfoque
relacional de los capitales en Bourdieu
La
etnografía crítica es una herramienta metodológica, pero también política y
epistemológica porque visibiliza las experiencias de las voces subalternas y
ayuda a comprender la realidad desde los propios actores. La teoría de capital
de Pierre Bourdieu es un sustento teórico que ayuda a comprender los factores
que influyen en las comunidades migrantes en la educación.
Para Giroux (2003) la etnografía
crítica desde la educación debe examinar cómo las relaciones de poder influyen
en la producción y distribución del conocimiento en las escuelas, así como sus
actuaciones en formas de resistencia o subordinación. Popkewitz (1994) analiza las
prácticas escolares vinculadas con relaciones sociales más amplias que pueden
contribuir a reproducir o transformar desigualdades sociales, mientras Freire
(2005) habla desde la pedagogía del oprimido, muy ligado al paradigma de la
justicia social y educativa.
Las investigaciones desde el campo
educativo son diversas, particularmente las que se han enfocado en los últimos
años en analizar los habitus migrantes dentro del contexto escolar desde
diversas teorías y paradigmas, en especial el método etnográfico. Dentro de las
problemáticas más importantes de los últimos años están las que con especial
atención tienen que ver con las formas sutiles de inclusión y exclusión
escolar, relacionadas con las identidades migrantes (Cortés, 2022; Espinoza & Valdebenito,
2018; Román, 2021) .
Un aspecto que debe ser tomado en cuenta en el uso de la metodología
etnográfica crítica para analizar las comunidades de inmigrantes en el contexto
escolar está en su comprensión desde la teoría de Bourdieu.
Para este autor el capital económico
puede ser entendido como activos materiales convertibles en dinero, que
incluyen recursos financieros y la propiedad (Bourdieu, 1997). En palabras
simples son un conjunto de bienes y recursos que posee el individuo.
Diversos estudios han sostenido que
los actuales procesos migratorios responden a una multiplicidad de factores,
dentro de los que se encuentran las problemáticas asociadas a la economía (Soto-Alvarado
et al., 2022). En el caso chileno es fundamental analizar cómo esta
influye en las comunidades escolares de inmigrantes, sobre todo en las
caribeñas, a la hora de definir cómo fue la trayectoria migratoria familiar
–que va desde los que llegan por vías regulares hasta los que usan los pasos no
habilitados y están en condición de irregularidad–, y explicar la inserción
dentro de la escuela, a pesar de que la normativa garantiza el derecho
universal a la educación para todos, independiente de su estatus legal.
Entonces, el capital económico es
fundamental en un país con una estructura socioclasista bien definida, donde el
acceso a la educación superior es muy competitivo y el mercado laboral también
lo es para los profesionales. Esto implica que familias migrantes precarizadas
estén en condiciones de informalidad laboral, lo cual mella en las posibles
trayectorias educativas de sus integrantes hacia la educación superior debido a
los costos, particularmente para las familias migrantes racializadas (Tijoux et
al., 2015).
Para la etnografía crítica y los
estudios sociológicos la manera en la cual el capital económico influye en los
estudiantes inmigrantes, está asociado en primer lugar a la nacionalidad. En
este aspecto se hace necesario comprender los puntos de partida, los cuales son
más complejos, debido a las construcciones sociales acerca de la alteridad
migrante, de manera central la caribeña y el capital económico asociado a esto,
en el que también se impone el capital cultural. Por ello, a los migrantes
afrodescendientes se les suele asociar a la pobreza, y también dentro del
ámbito educativo a la violencia y al miedo, a pesar de sufrir bullying e incomprensión por parte de alumnos
y profesores exacerbando así los nacionalismos (Mora-Olate, 2021).
Lo
anterior se explica debido a la carga simbólica de las identidades migrantes
racializadas y el imaginario social de la negritud dentro de un Estado-nación
chileno con sus propias conflictividades de carácter histórico y la
construcción de mitos acerca de la negritud, por lo cual los estudios
contemporáneos sobre la afrochilenidad ayudan a visibilizar y abrir un campo
teórico epistemológico respecto al tema (Oliva, 2016).
3.
Capital Cultural
Para
Bourdieu el capital cultural se refiere a conocimientos, competencias, hábitos
y disposiciones que un individuo posee. El uso de la etnografía crítica permite
observar cómo los estudiantes migrantes intentan negociar, resignificar o
resistir la imposición de un capital cultural hegemónico que la escuela
reproduce (chileno-blanco-eurocentrado). La escuela, para Bourdieu, es un tipo
de capital cultural.
Al respecto, las investigaciones
revelan cómo la escuela niega e invisibiliza el capital cultural de los
estudiantes migrantes, al mismo tiempo que folkloriza sus prácticas culturales
como los bailes y otras tradiciones (Stang-Alva et al., 2021). En tal
sentido, la escuela funciona como homogeneizador cultural y asimilacionista, para
los migrantes y los escolares mapuches –enfrentados a un currículum escolar
monocultural (Arias et al.,2021). Lo anterior se debe a los modos en que
la colonialidad del saber actúa para deslegitimar las epistemes de los grupos
históricamente marginados de los centros de poder, sobre todo, con la
preservación de su lengua y la resistencia a la castellanización, problemáticas
que han sido abordadas por las investigaciones sociales desde el campo
historiográfico educativo (Mansilla & Lima, 2020).
Tijoux (2015) señala que la escuela
para los migrantes tiende a blanquear, asimilar o marginar. El uso de la etnografía
crítica debe poner el foco en cómo los profesores reproducen jerarquías
culturales, en la cual desvalorizan o no conocen sobre epistemes no
eurocéntricas. Sin embargo, experiencias desde México, Ecuador y Bolivia dan
cuenta del avance en la recuperación y visibilización de los saberes
ancestrales de los pueblos originarios.
La etnografía crítica desde el
capital cultural en Chile revela también las diferencias en cuanto a los
imaginarios acerca de la caribeñidad con respecto a otros grupos migratorios.
Estas construcciones sociales simbólicas fijan y esencializan las culturas sin
profundizar en aspectos como la heterogeneidad cultural y las diferencias entre
los migrantes, así como las tensiones entre el tipo de ciudadanía monocultural,
multicultural o intercultural (Riedemann, 2021).
El color de piel es un aspecto que ha
sido estudiado como marca de la inmigración en Chile, por lo cual, independiente
del capital cultural o económico del migrante afrodescendiente, se le considera
migrante, cuestionando primero su nacionalidad, así como el estatus legal, el
tiempo de permanencia en el país y su trayectoria de estudio o trabajo (Tijoux,
2015).
Esto explica cómo los migrantes
europeos avecindados en Chile pueden ser confundidos con nacionales o turistas
extranjeros mientras los caribeños como migrantes.
Por último, el campo educativo
chileno ha desarrollado unas políticas de atracción de estudiantes
internacionales a través de programas de intercambio académico de Europa y
Norteamérica, de manera fundamental, y recientemente de la geografía
latinoamericana. Esta política de internacionalización busca no solo socializar
y democratizar los conocimientos, sino también comprender las dinámicas
culturales de los distintos pueblos.
Conclusiones
La
migración constituye un campo de estudios en constante evolución en América
Latina y el Caribe, de manera específica para las investigaciones sobre los
flujos migratorios intrarregionales. En tal sentido, para la educación en
cualquiera de sus niveles, ya sea pública o privada, estos procesos representan
desafíos epistemológicos.
A los sujetos transnacionales,
migrantes en general, se les considera aporte o carga para los países
receptores, así como un problema de seguridad nacional. En este contexto una de
las vías para lograr una rápida inserción dentro de la sociedad receptora se
encuentra en la educación.
Para la región latinoamericana, de manera
particular en Chile, investigar sobre los escolares migrantes desde un enfoque
etnográfico crítico usando la teoría de Bourdieu posibilita comprender que, si
bien una de las causas de los flujos migratorios está asociada a factores económicos,
los migrantes también poseen un capital social, cultural y simbólico, que influyen
tanto en la percepción que se construye sobre ellos –en las sociedades receptoras–
como en la toma de decisiones vinculadas a la continuidad de estudios en distintas
universidades e inserción laboral.
Asimismo, este enfoque posibilita comprender
la diversidad étnica de la población migrante, fundamentalmente de los grupos afrodescendientes,
y contribuye a la deconstrucción de estereotipos que tienden a homogenizar a
esta población en América Latina, ya que la reducen exclusivamente a la
geografía caribeña. En el ámbito escolar, tales estereotipos suelen traducirse
en la asociación de los estudiantes afrodescendientes con supuestas
limitaciones en la adquisición de los contenidos impartidos en el aula.
Debido a que las dinámicas de la
modernidad y el contexto social transnacional genera tensiones económicas,
políticas y sociales, se requiere de una mirada cultural y crítica a la manera
en que los Estados construyen imágenes estereotipadas de los migrantes, que van
desde un sujeto enriquecedor de la diversidad hasta un problema social (García,
2004).
La etnografía crítica, combinada con
la teoría de Bourdieu, es una herramienta que permite visibilizar las formas
estructurales y simbólicas de exclusión que afectan a los sujetos migrantes, y que
no son captadas por los indicadores cuantitativos tradicionales. Esto permite
revelar y problematizar sobre cómo se ha abordado la inclusión educativa,
apostando por un enfoque integral, enmarcado en un paradigma de justicia social
y educativa que dote a los sujetos migrantes y no migrantes en Chile de las
capacidades para enfrentar los retos del futuro.
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